∴ Memoria institucional ∴

Historia de nuestra Logia

Un recorrido por los orígenes, desarrollo y legado de Honradez y Trabajo – Agustín Iturricha N.º 3.

Logo de Honradez y Trabajo – Agustín Iturricha N.º 3

∴ Un viaje por nuestra memoria ∴

Honradez y Trabajo141 años de legado vivo

Una mirada a los acontecimientos que dieron forma al Taller y al legado que continúa orientando su obra.

1875 — presente

  1. 1875

    Fundación en Antofagasta

    En Antofagasta se constituye Trabajo y Honradez N.º 17, bajo la obediencia del Gran Oriente del Perú. Este primer Taller fija el punto de partida de una continuidad institucional que, después de los acontecimientos regionales, encontraría en Sucre un nuevo lugar para preservar su nombre, sus vínculos y su propósito.

  2. 1879–1885

    Traslado a Sucre

    Tras la Guerra del Pacífico, el Taller se traslada a Sucre y recibe una nueva Carta Constitutiva. El cambio de ciudad abre una segunda etapa de su historia: la experiencia nacida en Antofagasta se integra al Valle de Sucre y comienza allí un proceso de reorganización, arraigo y continuidad.

  3. 1888–1914

    Tiempo de receso

    La inestabilidad política conduce a un prolongado receso de los trabajos. Sin embargo, la comunidad no desaparece: subsiste como sociedad antropológica y conserva el vínculo entre sus integrantes. Este periodo explica cómo la memoria del Taller pudo atravesar los años de interrupción y llegar a la posterior reactivación.

  4. 1914–1922

    Reactivación del Taller

    Bajo el liderazgo de Agustín Iturricha se reanudan los trabajos y el Taller vuelve a consolidarse. En esta etapa, Honradez y Trabajo N.º 52 recibe su Carta Constitutiva del 7 de agosto de 1917, documento que confirma su organización en Sucre y enlaza la recuperación interna con una nueva vida institucional.

  5. 1928

    Reapertura definitiva

    Después de un nuevo periodo de receso, los trabajos se reabren definitivamente. La continuidad recuperada permite ordenar la vida del Taller, reunir nuevamente a sus miembros y preparar la participación que tendría poco después en la organización de la masonería simbólica boliviana.

  6. 1929

    Logia fundadora

    Honradez y Trabajo participa, junto con otras logias regularmente constituidas, en el proceso de fundación de la Gran Logia de Bolivia y adopta el nombre Honradez y Trabajo N.º 3. Su recorrido local pasa así a formar parte de una estructura nacional, sin perder la memoria recibida desde Antofagasta y Sucre.

  7. 1930–presente

    Trabajo continuo

    Desde 1930, la Logia mantiene su obra y se consolida como Logia Madre del Valle de Sucre. Cada generación recibe una historia formada por fundación, traslado, recesos y reaperturas, y la prolonga mediante el trabajo regular, la formación de sus miembros y la presencia institucional del Taller.

Retrato de cuerpo entero de Agustín Iturricha Calancha

Capítulo biográfico · Guía del Taller

Agustín Iturricha Calancha

Sucre, 1863 — 1934

Jurista e historiador boliviano, Agustín Iturricha Calancha desarrolló su vida pública entre el derecho, la educación, la investigación histórica y el servicio institucional. Se formó en la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca, donde obtuvo el título de abogado en 1884, y ejerció posteriormente la docencia.

Su trayectoria educativa estuvo vinculada al Colegio Nacional Junín y a San Francisco Xavier. La documentación universitaria lo identifica como rector en 1907; durante su gestión y su labor académica formó parte de una época de intensa producción intelectual en Sucre. El fondo de folletería que reunió durante su vida se conserva hoy en el Centro Bibliográfico Documental Histórico de esa Universidad.

También participó en la organización de instituciones jurídicas y científicas. En 1901 fue uno de los fundadores de la Academia Jurídica que daría origen al Ilustre Colegio de Abogados de Chuquisaca y ocupó una de sus secretarías. Presidió la Sociedad Antropológica de Sucre y dejó constancia de ese trabajo en una conferencia publicada en 1909 con motivo del centenario del 25 de mayo de 1809.

En el servicio público fue nombrado Ministro de Justicia e Industria el 9 de octubre de 1916. Al final de su vida ejercía como Fiscal General de la República; el decreto que declaró duelo nacional por su fallecimiento destacó los servicios que había prestado al país. Su obra escrita incluyó la compilación comentada de leyes bolivianas y estudios dedicados a la historia nacional.

Esa vocación por organizar, enseñar y preservar memoria ayuda a comprender su lugar en la historia del Taller. Durante la etapa de reactivación, su liderazgo acompañó la recuperación de los trabajos y la consolidación institucional confirmada por la Carta Constitutiva de 1917. Por ello, su biografía no aparece separada de la cronología: constituye el puente humano entre el tiempo de receso, la reapertura y la continuidad posterior.

Su legado perdura en la obra, en la ley y en el espíritu de los hombres que inspiró.
01

Transformación social

Herramientas para construir

El mazo y el cincel simbolizan el trabajo constante sobre nuestras imperfecciones para generar un impacto real en el entorno.
02

Lealtad

De la tradición a la acción

Vivir los principios de Honradez y Trabajo exige llevarlos a cada decisión cotidiana, dentro y fuera del Taller.
03

Servicio

La obra fuera del Templo

El trabajo verdadero se manifiesta en la vida diaria y en el servicio consciente a la comunidad.

La memoria continúa

Del recorrido cronológico a los capítulos de la Logia

La línea anterior ofrece el hilo común. Los capítulos siguientes amplían sus orígenes, su desarrollo institucional, sus momentos destacados y la proyección del legado recibido.Continuar con los capítulos

∴ Nuestra memoria ∴

Una historia construida en etapas

La línea cronológica, la vida de Agustín Iturricha y estos capítulos forman un mismo relato. Cada sección amplía una parte del recorrido institucional, sus acontecimientos y el legado recibido por las generaciones posteriores.

Capítulo 01

I

Nuestros orígenes

Nuestros orígenes se remontan a 1875, cuando en Antofagasta levantó columnas la Logia “Trabajo y Honradez” N.º 17. En un territorio marcado por profundas transformaciones, aquel primer Taller se convirtió en un espacio de pensamiento, formación y fraternidad. La Guerra del Pacífico alteró el destino de la región y obligó a sus miembros a enfrentar una decisión trascendental. Antes que abandonar sus principios o someterlos a las circunstancias, resolvieron levantar sus columnas y trasladarse hacia el Valle de Chuquisaca. Con ellos viajaron sus símbolos y herramientas, pero, sobre todo, la esencia de una obra que se negaba a desaparecer.

Capítulo 02

II

Desarrollo institucional

Establecida en Chuquisaca, la Logia inició una nueva etapa con la emisión de su Carta Constitutiva el 12 de abril de 1885. A partir de entonces, Honradez y Trabajo comenzó a consolidarse como un referente del pensamiento y la organización masónica en Bolivia. Su permanencia no fue producto de la inercia, sino del esfuerzo de generaciones que supieron reconstruir, fortalecer y proyectar el Taller. Con el transcurso de los años, la Logia participó activamente en los procesos que condujeron a la consolidación institucional de la Masonería boliviana y a la creación de la Gran Logia de Bolivia en 1929.

Capítulo 03

III

Momentos destacados

Uno de los capítulos decisivos de nuestra historia ocurrió en 1914, cuando Agustín Iturricha asumió la responsabilidad de reactivar la vida del Taller y levantar nuevamente sus columnas. Su intervención devolvió dinamismo a la Logia y fortaleció su influencia en la Masonería nacional. Iturricha, quien se desempeñó como fiscal general de la República, ministro y rector, comprendió que el conocimiento solo alcanza su verdadero valor cuando se pone al servicio de los demás. Su ejemplo, unido a la fidelidad demostrada por el Taller durante sus momentos más difíciles, explica por qué nuestra historia no se mide solamente en años, sino en actos de convicción, liderazgo y servicio.

Capítulo 04

IV

Legado y proyección

Celebrar 141 años desde la emisión de nuestra Carta Constitutiva no significa únicamente recordar nombres, fechas y acontecimientos. Cada aniversario nos invita a preguntarnos si somos dignos continuadores de quienes sostuvieron esta obra antes que nosotros. El legado recibido no nos pertenece; nos ha sido confiado temporalmente para preservarlo, enriquecerlo y transmitirlo. Por ello, nuestra mejor forma de honrar el pasado consiste en proyectarlo mediante una Masonería activa, reflexiva y comprometida con su tiempo. Honradez y Trabajo seguirá viviendo mientras cada generación sea capaz de transformar sus principios en acciones y su memoria en una fuente permanente de renovación.